EL CUERVO Y EL RELOJ
Las alas batidas de inmensa envergadura dejaron ver el negro luminoso con brillos azules. Resplandeciente, tan soberbio y tan oscuro, el cuervo miró y vio que era dueño de la tierra. Nunca sus garras sintieron tal dominio sobre las ramas y todos los seres vivos que su vista alcanzaba. La noche tenía un tono negro azabache con turquesas en la luz del cielo. La noche, su reino, la noche y el inmenso animal, únicos, se fundían y eran tan eternos.
De pronto, frente a él, se apareció un reloj que hablaba a través de sus manecillas; tenía acabados en madera, puntiagudos cortes, y sus movimientos eran precisos e hipnotizantes.
Se miraron los dos fijamente por un largo rato... ninguno dijo una palabra, entendieron al instante que el primero que hiciera un ruido sería el perdedor, la primera aclaración verbal sería la declaración del vencido, entendieron que el todo estaba en juego. Se podía oír el viento entre las plumas del gigantesco cuervo, estrangulando el aire como un flautista añejo. El reloj parecía guardar una sonrisa maliciosa, y su mirada era fija e inmutable...y las manecillas se movieron.
El cuervo vio un roedor que no percibió la lucha que se libraba, lo miró sigilosamente y luego se lanzó sobre este, destajándolo con una de sus garras, mostró su poderío, su violencia brevemente desatada, se mostró hermoso y omnipotente... y las manecillas se movieron.
Luego el cuervo, al ver que el reloj era en gran parte madera, tomó una rama y voló alto, se desapareció en la inmensidad por unos segundos y descendió en picada con la rama entre sus garras prendida con una llama azul que todo lo acababa. Enseñó la rama al reloj, y se quedó en silencio, entones puso la rama sobre el reloj y vio como abruptamente las partes se prendían, observó el cuerpo interno incandescente en tonos rojos y el cuervo abrió sus alas y provocó un ventarrón que redujo el reloj a cenizas. Y se quedó inmóvil mirando, lo terminó hasta el último aliento.
Entonces el cuervo lloró lágrimas tan grandes como su cuerpo, dejó el lugar desconsolado y renunció a la existencia que antes habitaba en su pecho...y las manecillas se movieron.